El novato


En un lugar del Terranova, un profe camina silencioso. Su cuello triste da cuenta de una clase malograda: un estudiante fue altanero, una chiquilla rompió a llorar, tildándolo de insensible y embustero. No tiene forma de saber sobre la nota que en su espalda va colgada.

Revive la clase: puros gritos; no lloró, de eso está seguro, pero tuvo la sensación horrible de que un reflejo suyo, de otro tiempo, lo miraba plantado en el umbral, como diciendo ¿no te das cuenta, pobre ingenuo, que erraste el tiro al escoger este camino?

Se sienta, gris y descompuesto, pues al fin tiene un respiro. Como un cántaro el café lava su rostro y a su lado la sonrisa del amigo le recuerda
solamente es un laburo;
mañana has de volver al escenario
y entre el público siempre va a haber uno,
para quien
tu llegada
es un refugio.

Sebastián Armas

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