La naturaleza muerta con el conejo, de caza de la bolsa y pedernal y pólvora (Jean Baptiste Simeon Chardin). Si tan solo pudiera eludir tantos anuncios, si pudiera tomarlos de la oreja como a un conejo muerto y mostrarlos a otro cazador, sangrantes, listos para el fuego. Si tan solo pudiera, como Pessoa, abstraerme con alguien y tomarlo de la mano y llevarlo a constatar a César Dávila y engullirlo de una sola ira. Si pudiera hundir la tinta en sus ojeras y aliviarlo al instante para que sea el vómito su pena. Si, entre tardes, tuviera la ocasión de asfaltarme. Si, además, tuviera en los nudillos atrapada alguna idea para romperle a alguien los dientes... Pero esta máquina terrible y estadística quiere apretar mis intestinos sin descanso, quiere amasarlos y esculpir su idolatría en mi regazo. Con fuste nos golpea, ¡horror! a todos y sin tregua: párteme, cúbreme, sálvame. Y la Angustia, que es la madre adoptiva de esos todos, se levanta. Y l...